La conexión entre intestino y cerebro

Cómo se comunican tu intestino y tu cerebro, y por qué importa tener un intestino equilibrado.

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Tu intestino y tu cerebro mantienen una conversación constante. Abre una sección cada vez.

Unos 7 min de lectura

La conexión entre intestino y cerebro

Tu intestino y tu cerebro mantienen una conversación constante y en ambos sentidos. Esta red se llama eje intestino-cerebro. Conecta tu aparato digestivo con tu cerebro a través de los nervios, las hormonas, el sistema inmunitario y las sustancias químicas que producen los microbios que viven en tu intestino.

Los nervios

El nervio vago transporta señales entre el intestino y el cerebro en ambos sentidos. La mayoría de sus fibras (alrededor del 80 % según las estimaciones más citadas para todo el nervio) llevan información desde el cuerpo hasta el cerebro, de modo que el cerebro está “escuchando” al intestino de forma constante. El intestino también tiene su propia red de cientos de millones de células nerviosas, llamada sistema nervioso entérico, que ayuda a regular la digestión. A veces se le llama el “segundo cerebro”.

Hormonas del estrés

El sistema del estrés del cuerpo afecta a la digestión, y las señales que vienen del intestino pueden influir a su vez en el estrés y en el estado de ánimo. Esta es una de las razones por las que el estrés puede alterar el estómago, y por las que los problemas digestivos pueden hacer que las personas se sientan más ansiosas.

El sistema inmunitario

Gran parte del tejido inmunitario del cuerpo se encuentra a lo largo del intestino, y los microbios intestinales ayudan a entrenarlo. Cuando los microbios o el revestimiento del intestino se desequilibran, la inflamación en el cuerpo puede aumentar, y la inflamación se ha relacionado con cambios en el estado de ánimo.

Mensajeros químicos

Cuando los microbios intestinales fermentan la fibra, producen ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, que nutren las células del revestimiento intestinal y ayudan a calmar la inflamación. Los microbios también pueden producir o influir en algunas sustancias químicas del cerebro, como el GABA. En estudios con ratones, estos ácidos grasos también ayudaron a mantener intacta la barrera hematoencefálica y favorecieron el desarrollo normal de la microglía, las células inmunitarias del cerebro. La mayor parte de esta evidencia procede de investigaciones con animales.

Un mito frecuente: Quizá hayas leído que cerca del 90 % de tu serotonina se produce en el intestino. Es aproximadamente cierto, pero la mayor parte la producen las células del intestino, no las bacterias. Actúa sobre todo de forma local, para ayudar con la digestión, y no pasa al cerebro, que fabrica su propia serotonina. Los microbios intestinales pueden influir en la cantidad de serotonina que producen las células del intestino, y esa es una de las razones por las que la ciencia estudia esta conexión.
Por qué importa el equilibrio del intestino

Tu microbioma es la comunidad de billones de microbios, sobre todo bacterias, que viven en tu aparato digestivo. Una comunidad sana suele ser diversa, con muchos tipos de microbios que cumplen funciones distintas. Ayudan a digerir alimentos que tu cuerpo no puede descomponer por sí solo, producen vitaminas y ácidos grasos, apoyan tu sistema inmunitario y ayudan a mantener a raya a los microbios dañinos.

Cuando esa comunidad pierde diversidad o se desplaza hacia más microbios dañinos, a esto se le llama disbiosis, o desequilibrio. Entre las cosas que pueden contribuir están comer poca fibra y muchos alimentos muy procesados, los antibióticos, el estrés prolongado, dormir mal, las infecciones, el consumo elevado de alcohol y algunos medicamentos. Los antibióticos a veces son imprescindibles, así que tómalos solo como te los hayan recetado.

Cómo puede afectar el desequilibrio al cuerpo

Síntomas digestivos como hinchazón, estreñimiento o diarrea; más inflamación; cambios en la función inmunitaria y en la absorción de nutrientes. El desequilibrio intestinal se ha relacionado con el síndrome del intestino irritable, la enfermedad inflamatoria intestinal y afecciones metabólicas, aunque no se ha demostrado que todas esas relaciones sean causales.

Cómo puede afectar el desequilibrio a la mente

Las personas con depresión a menudo tienen patrones de microbios intestinales distintos a los de quienes no la tienen. En un estudio de 2019 con más de 1000 personas, las bacterias Coprococcus y Dialister estaban en menor cantidad en las personas con depresión, incluso después de tener en cuenta el uso de antidepresivos. Esto muestra una asociación, no que las bacterias causen la depresión. Las revisiones también suelen informar de menos Lactobacillus, Bifidobacterium y bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta en las personas con depresión y ansiedad, pero la mayoría de los estudios son pequeños o comparan grupos en un solo momento, así que sigue sin aclararse la relación de causa y efecto (Ataei et al., 2025). Los ensayos en personas sobre formas de modificar el intestino para mejorar el ánimo aún están en una fase inicial y sus resultados no son uniformes.

La relación entre el intestino y el estado de ánimo también se observa en las personas con síndrome del intestino irritable (SII). En una revisión de 2019 de 73 estudios, aproximadamente una de cada cuatro personas con SII tenía un trastorno de ansiedad y alrededor de una de cada cuatro tenía un trastorno depresivo, y tenían aproximadamente tres veces más probabilidades que las demás de presentar cualquiera de los dos. La influencia va en ambos sentidos: el estrés y el ánimo bajo pueden cambiar el funcionamiento del intestino.

Quienes investigan también estudian las relaciones entre el intestino y el cerebro en las afecciones neurológicas. En la enfermedad de Parkinson, una hipótesis es que proteínas anormales podrían comenzar en el intestino y subir por el nervio vago hasta el cerebro. Los experimentos con ratones respaldan esta idea, pero no se ha demostrado en personas, y los resultados en humanos no son uniformes.

Mantén la perspectiva: La ciencia todavía está aprendiendo cuánto importa el intestino para la salud mental. Comer pensando en tener un intestino sano es un buen hábito, pero no es una cura para la ansiedad ni para la depresión. También importan los genes, las experiencias vitales, las relaciones, el sueño y la atención médica.
Fuentes

Fuentes de la sección sobre el eje intestino-cerebro

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